El espectacular puente de cuerda peruano, el último de su tipo, lleva adelante la tradición Inca

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El espectacular puente de cuerda peruano, el último de su tipo, lleva adelante la tradición Inca
El Q'eswachaka («puente de cuerda» en quechua), suspendido sobre un desfiladero del río Apurímac, se reconstruye cada año. Crédito: Xavier Desmier

Llegaron los conquistadores Españoles, los vieron y quedaron asombrados. Nunca habían visto nada en Europa como los puentes del Perú. Estaban asombrados y temerosos a la vez que admirados Los puentes colgantes con cuerdas de fibra trenzada suspendidos a través de las profundas gargantas de los desfiladeros en los Andes.

Sin embargo, los puentes colgantes eran vínculos familiares y vitales en el vasto imperio de los incas, ya que habían estado en las culturas andinas durante cientos de años antes de la llegada de los españoles en 1532.

En la vida cotidiana del imperio inca fue determinante las fuertes relaciones familiares. Recibir algunas instrucciones formales sobre sus creencias e historia de sus orígenes. Su pasión por practicar juegos de mesa y apostar usando dados, era un entretenimiento considerado, entre uno los más antiguos del mundo. Y la construcción de puentes con trenzados de cuerda también era una práctica milenaria.

En la cordillera de los Andes de Perú, un grupo de personas camina por el bosque. Llevan cuerdas largas y gruesas hechas de hierba. Su viaje es difícil. El camino está lleno de rocas ásperas. Los caminos de montaña son estrechos y suben muy alto. Pero la gente sigue viajando. Finalmente llegan a un gran cañón profundo. Es un gran espacio abierto entre las montañas. Abajo, un gran río fluye a través del fondo del cañón. Un puente se extiende a través de este cañón.

En el mes de junio de cada año, las comunidades rurales en el Perú llevan a cabo una antigua tradición que se remonta a la época de la civilización inca. Una expresión sagrada de ritual de historia y renovación ya que los peruanos pasan anualmente tres días tejiendo el puente de cuerda Q’eswachaka para cruzar una de las muchas brechas en el antiguo sistema vial inca del puente que es el último de su tipo.

El proceso riesgoso de colgar el puente de cuerda Q’eswachaka a lo largo de un tramo debe repetirse cada año, y ello, da disposición a la vida de las comunidades participantes estableciendo la comunicación y el fortaleciendo de los vínculos ancestrales de siglos con una reafirmación de su identidad cultural.

El espectacular puente de cuerda peruano, el último de su tipo, lleva adelante la tradición Inca
El último puente Inca

Cada año, las comunidades de habla quechua se reúnen en el desfiladero del río Apurímac en el sur de los Andes. Recolectan las materias primas, las fibras naturales y la vegetación local, para torcerlas y tejerlas a fin de formar cuerdas fuertes. Las cuerdas se trenzan en cables que luego se levantan laboriosamente a cada lado de la garganta, y los artesanos trabajan para tejer las muchas cuerdas en un sendero y pasamanos, comenzando desde los extremos opuestos para encontrarse en el medio. El puente, aunque solo está hecho de pastos, paja y palos, se balancea sobre el desfiladero y soporta el tráfico local de animales y rebaños, como lo ha hecho durante miles de años.

La estructura colgante se ubica a 3.700 metros sobre el nivel del mar y tiene 28 metros de largo, Cada familia debería producir aproximadamente 70 metros de cuerda durante el evento.

Una vez que el puente está completo, se realiza un festival de celebración. Ya que el puente de fibra tiende a hundirse y eso requiere reemplazo. Cada año, el proceso debe repetirse. Afortunadamente, los lugareños mantienen las habilidades en su elaboración y viva la tradición del puente al inculcar el conocimiento de generación en generación, de métodos que datan del Imperio Inca.

En 2013, el gobierno peruano y la UNESCO reconocieron los esfuerzos de las comunidades y la importancia del puente y la tradición, que califican las habilidades, los conocimientos y los rituales del puente que forma parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

El puente colgante forma parte del sistema de caminos y construcción inca, un sistema de transporte de unos 32 kilómetros de largo de la América precolombina de América del Sur. Los puentes de fibra abarcaban cañones, ríos y gargantas, y se adaptaban perfectamente a los peatones y al ganado, ya que el Inca no usaba el transporte con ruedas. Los caminos y los puentes son una necesidad para las comunidades y su ganado, pero también eran utilizados regularmente por los pastores y sus llamas o alpacas, así como por los corredores de Chasqui. Hombres altamente atléticos y entrenados que corrían enormes distancias de carreteras y puentes, de una estación de relevo hasta otra estación de relevo, transportando mensajes o mercancías ligeras, como el pescado y llevando una caracola que usaban como trompeta para anunciar su paso.

Confeccionando un puente colgante en Perú
Confeccionando un puente colgante en Perú

Colgar y mantener estos puentes era, y sigue siendo, una actividad peligrosa. El libro «Incas: Lords of Gold and Glory» (Los Incas, señores del oro y la gloria) señala que los que trabajaban en los puentes a menudo solían morir

Está claro que el colgamiento anual del puente de cuerda Q’eswachaka es una labor de amor y respeto para honrar a los antepasados, unir a las comunidades y mantener la antigua tradición.

Este conocimiento se ha conservado para todos los peruanos. El Perú, nunca dejará de sorprender al mundo con su portal ancestral. Sus tradiciones, cultura y la majestuosidad de este lugar donde los originarios han elegido hacer puentes, para admiración de todos.